IIBCE de alto impacto_ Nueva elección editorial

Persiguiendo moscas porque el tiempo vuela

Esta frase, que tiene más gracia en inglés, no la inventamos en el IIBCE. Es el título de la editorial del último número de la prestigiosa revista *Journal of Innate Inmunity, dedicada a un artículo de uno de nuestros investigadores, Rafael Cantera, y su colega Vasca, Rosa Barrio.

Ellos han realizado un extenso trabajo de revisión, destacado por el análisis y la conexión que establecen entre la gran cantidad de genes involucrados en la respuesta innata inmune y la neurodegeneración en humanos, y además, por el modelo instrumental de estudio que plantean: utilizar Drosophila para investigar esta relación en sus múltiples manifestaciones.

Células Ganglionares. De Castro

Ilustramos esta nota con un dibujo de una célula ganglionar, realizado por un destacado investigador en Neurociencia, discípulo de Ramón y Cajal, Fernando de Castro.

 

Aunque la asociación entre ambos sistemas se conoce desde hace tiempo, faltan dilucidar varios aspectos claves. Aun no está claro cuáles son las causas y cuáles las consecuencias de las relaciones que se encuentran. Luego de analizar los datos de múltiples estudios genómicos, los autores concluyen que en algunos casos, una respuesta inmune sería causante de neurodegeneración, mientras que en otros, la activación del sistema inmune tendría consecuencias beneficiosas para el sistema nervioso, es decir, funcionaría como neuroprotección.

Por ello en su artículo, de libre acceso por ser el destacado del número, Cantera y Barrio proponen que la asociación entre ambos sistemas, nervioso e inmunológico, refleja al menos un par de fenómenos considerables: el primero, que algunas proteínas cumplen funciones en ambos, y el segundo, que los genes involucrados en la respuesta innata inmune podrían tener valor neuroprotector.

Como se meciona en la editorial, son estos mismos investigadores, junto con la colaboración de la doctoranda *María José Ferreiro, quienes han provisto a la comunidad científica en un reporte previo, de algunos datos y una de las hipótesis principales destacadas.
Estos aportes, junto con trabajos de autores europeos, afirman las bases para el entendimiento de algunos mecanismos críticos de defensa innata, de origen muy temprano en la historia evolutiva y conservados hasta hoy, por su extrema importancia funcional en diferentes organismos, desde las moscas a nosotros.

Compartimos la editorial con Uds. aquí debajo y los datos de contacto con Rafael Cantera rcantera@iibce.edu.uy _Rafael.Cantera@zoologi.su.se

In this issue of the Journal of Innate Immunity, Rafael Cantera and Rosa Barrio [1 ] describe the relationship between neurodegeneration and innate immune responses in humans by referring to studies on Drosophila. At first glance, when reading the title and the abstract of the review, the reader may wonder whether the authors’ conclusions are fictional. However, decades ago, pioneer work performed by Boman et al. [2] and Lemaitre et al. [3] set the fundament for this area of research, showing that the basic function of the immune system in insects evolved into the complex regulation of host defenses found in humans. So long ago, these researchers already reported that Drosophila has an inducible antibacterial defense system [2] and that Toll-like receptors regulate immunity against fungi [3]. Both findings have provided a basis for our understanding regarding critical innate defense mechanisms that are both phylum-independent and evolutionarily conserved. More recent investigations of innate defense mechanisms in Drosophila, e.g. the induction of antimicrobial peptides [4], the activation of the IMD pathway [5], antimicrobial autophagy [6] and host responses in epithelial barriers [7] are in line with these findings, supporting the concept that many principles of innate immunity in the animal kingdom originated very early on and have an important function in vertebrates still today. This also applies to the article by Cantera and Barrio [1], who present convincing evidence that in neurodegenerative processes, it is not only that the same immune genes are employed in Drosophila and Homo sapiens, but also that the transcription of these genes is regulated in a similar manner. It is therefore not surprising that the authors conclude that Drosophila can be used as an instrumental model to elucidate the role of immune response as regulators of neuroprotection.

In addition to Drosophila, much has been learnt from studying the zebrafish (Danio rerio), appearing as an early vertebrate during evolution. The zebrafish has become an important organism for exploring defense mechanisms in innate immune responses, such as in a model of Candida albicans infection [8]. The list of animal types to be studied is continuously growing and also contains more exotic species including the lophotrochozoan snail Biomphalaria glabrata [9] and the African clawed frog (Xenopus laevis) [10]. These examples show that a great deal of our knowledge about innate immune processes has been achieved by studying invertebrates and early vertebrates. However, one should not forget that invertebrates can also act as pathogens and actually cause disease. For instance, the Journal of Innate Immunity recently published that γ-tocopherol supplementation can suppress house dust mite allergies [11] or that serine proteases in the German cockroach can regulate chemokine production and dendritic cell recruitment [12]. Such interactions also contribute to increasing our knowledge about innate immunity. Together, the examples show that mechanisms of innate immunity and virulence occurred early on in the evolution of animals. Studies on invertebrates have contributed tremendously to our current understanding of the molecular mechanisms underlying host-parasite interactions.

Heiko Herwald, Lund
Arne Egesten, Lund

*Journal of Innate Immunity’ es una publicación bimestral que cubre todos los aspectos en el área de la inumnidad innata. Esto incluye la evolución del sistema inmune, la biología molecular de las células involucradas, el reconocimiento de patrones y señales de “peligro”, respuesta de hospedero e inflamación, entre otros.
**María José Ferreiro trabaja en el Departamento de Neurobiología del Desarrollo del IIBCE. Es estudiante de doctorado PEDECIBA y becaria de la ANII.

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