Historias del IIBCE_ El rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande

Cuando falleció Juan Blengini, varios investigadores del Instituto escribieron aquí mismo anécdotas sobre él, un hombre que marcó la historia de la biología y el naturalismo en Uruguay. Una de ellas es sobre el rescate de animales que tuvo lugar luego de construirse la represa de Salto Grande.

Tiempo después de publicada la nota sobre Juan, Roberto Capocasale, investigador grado 5 asociado al Instituto que lo conoció personalmente y fue parte de aquel rescate, accedió a contarnos desde su propia memoria esta gran aventura.

Copiamos aquí su relato, otra historia del IIBCE digna de contar y de leer. Gracias Roberto.

El Comienzo

Cuando el Sr. Juan Blengini, quien intervino en el rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande, nos invitó a Fernando Costa y a mí a concurrir a dicho lugar porque había visto que había muchas arañas, me pareció interesante ir. Personalmente, como aracnólogo sentí que era una oportunidad única: de conocer esa zona y de tener así, a ciencia cierta, una idea general sobre cuál era la aracnofauna del lugar. Porque, una cosa es que los ejemplares salgan de su madriguera porque se inundó el hábitat donde viven y otra muy diferente, es recolectarlos de manera azarosa. Así que, el Prof. Fernando Costa y yo, nos dispusimos a concurrir de buena gana a la zona en cuestión. Costa y yo éramos integrantes del Departamento de Zoología Experimental del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, y como zoólogos sentíamos la curiosidad del investigador científico y la obligación de estar en ese evento para poder vivirlo.

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El lugar del rescate

La catástrofe en Constitución
Al llegar a Constitución nos enfrentamos a un panorama peculiar. Se trataba de un grupo de viviendas construidas, evidentemente, en diferentes momentos, aunque poco se podía concluir ya que la mayoría de lo que quedaba, mostraba un paisaje integrado por restos de casas demolidas; eran ruinas que el agua sepultaba inexorablemente a medida que crecía el agua. En aproximadamente cincuenta minutos, una máquina y un hombre derrumbaban sin consideración lo que, seguramente, había costado muchos días construir. En la gente del lugar se “respiraba” una atmósfera extraña. Era una sensación catastrófica. Cuando se hablaba con alguien del lugar siempre surgía un comentario: “No hay caso, el agua se viene”, e inmediatamente se percibía un estado de angustia. Fue la primera vez en mi existencia que tuve contacto con un desastre ecológico. Al principio no comprendía por qué se sentía miedo ya que todo estaba controlado. “Es peor que en el 59” afirmaban. Más tarde comprendí aquellas quejas. Significaban que las inundaciones del año 1959 habían dejado una huella imborrable en el espíritu de la gente de esa zona. Sentían que, lo que les ocurría, era análogo a lo de aquel año. Lo cual impactaba. Narraban que en aquella ocasión habían perdido “mucho”.
“Mucho” para algunos, era un ropero, un colchón, el calentador a queroseno…
Después de estar en Constitución aún había que ir a El Espinillar: era nuestro Cuartel de Trabajo, que había sido gestionado por Blengini para que pasáramos varios días. Aunque el objetivo de Costa y mío era observar cómo se desarrollaba la tarea, inmediatamente nos vimos involucrados en el rescate, y casi sin darnos cuenta, contribuimos en la tercera etapa de ese largo proceso.

La Historia
Hace más de veinte años, cuando se construyó la represa de Salto Grande, se formó un lago artificial consecuencia del embalse del río Uruguay, en una superficie de 78,300 hectáreas. El río quedó alterado en una extensión aproximada a 140 kilómetros cuadrados. Ese trabajo conllevó una importante alteración ambiental y una enorme destrucción: se talaron árboles, se destruyeron hábitats, quedaron islas sumergidas. Previamente al embalse del río se quemó todo para que el lago fuese navegable.
Del lado uruguayo, antes que la cota llegara al nivel necesario, hubo un grupo de integrantes del Ejército Nacional que realizaron el primer rescate de fauna. Fue en junio de 1978. Y allí, con ellos, estuvo Juan Blengini. En marzo de 1979 se realizó el segundo rescate, que duró seis meses. Hoy son pocas las personas que saben algo sobre esa labor.

Juan Blengini
Blengini fue, desde mi óptica, un verdadero personaje. Un hacedor que en los lugares donde trabajaba se las ingeniaba para ubicar sus animales vivos. Por ejemplo en el Zoológico Municipal, al cual concurría en forma honoraria, armó un espacio donde exhibía al público las víboras que criaba. Lo mismo pretendió hacer en el Museo Nacional de Historia Natural de Montevideo, lugar donde lo conocí, pero como los museos en general son lugares donde los animales se conservan embalsamados, no tuvo éxito en ese sentido, y alguna vez hasta un disgusto; es que él no mataba a los animales.

En el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, ingresó como Encargado del Criadero de ratas y ratones blancos, especímenes que se usan por los investigadores de la institución para hacer pruebas experimentales. A dicho lugar, Blengini le cambió la denominación que tenía por la de Bioterio. De esa forma pudo ingresar los animales que criaba y mantenía sin tener problemas como los que tuvo en los lugares anteriores.
Blengini tenía el perfil típico del Naturalista. Había sido empleado de PLUNA, pero su pasión por los animales le hacía ser un Naturalista innato. Un día, por razones administrativas (algunos decían que por su ideología política) fue pasado “a disponibilidad”; así que, antes que quedarse “en la calle” como se dice vulgarmente, buscó ingresar a diferentes lugares, para finalmente, quedarse en el IIBCE.

En rigor, algunos que se atrevieron a hacer la infidencia, dijeron que a Blengini se le debe la idea de realizar el salvataje de Fauna en Salto Grande. Afirmaban inclusive, que se ocupó de mover influencias personales con el fin de que se efectivizara su idea. Pero, en aquellos tiempos de gobierno de facto, el asunto se mantuvo en secreto por razones obvias. Sea como fuere, el hecho concreto es que durante todas las etapas del salvataje de fauna en Salto Grande, siempre Blengini estuvo presente dirigiendo a los efectivos del Ejército Nacional que trabajaron ejecutando cada etapa del proceso que él supervisaba.

La captura de los animales
En nuestro caso nosotros capturábamos a los animales directamente, sin trampas. Eso lo hacíamos desde un bote, que por supuesto, se movía constantemente. El procedimiento a primera vista parecía simple: arrimarse a la resaca o a la copa de algún árbol que sobresalía sobre la superficie del agua. Eso casi siempre ocurría a varios cientos de metros de la costa. Se apagaba el motor del bote y cuando estábamos cerca de la resaca, con una caña de tacuara larga, que tenía un gancho en el extremo, tratábamos de atrapar al animal que deseábamos capturar; una vez en nuestro poder, se lo ubicaba en el recipiente correspondiente que teníamos para ese fin. Esto, dicho así, parece fácil, pero para quienes lo ejecutábamos era lo más complicado del mundo.

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La resaca ocupaba una superficie de más de diez metros cuadrados. Aunque su aspecto era de serenidad, si se navegaba entre ella era muy peligrosa; los troncos y las ramas sumergidas que no se veían eran obstáculos que ningún bote podía sortear.

El río Uruguay suele integrar un paisaje cuyo perfil es maravilloso, casi mágico. Sus puestas de sol son algo que jamás se olvida. Pero cuando el viento sopla o se avecina una tormenta la circunstancia es terrible. Cuando se está embarcado, el movimiento del agua causa pánico. El viento no se soporta. En nuestra condición de recolectores, los animales, incapaces de agarrarse a las ramas, eran llevados por la corriente y perecían ahogados. La resaca estaba compuesta por el residuo del corte de los árboles, por las ramas y árboles que flotaban y que no habían sido recogidos. En esa masa vegetal semihundida se hallaban la mayoría de los animales que queríamos rescatar.
La resaca vista desde lejos aparentaba ser una masa serena de ramas y troncos flotantes entrelazados, sin peligro. Pero bajo su superficie, había troncos ocultos de hasta cincuenta centímetros de diámetro que destruían cualquier motor o bote. Eso obligaba a navegar lentamente y pensando siempre en el peligro potencial.

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Enroscadas en los troncos y ramas había Víboras de la Cruz. La flecha indica uno de esos ofidios el cual se pudo capturar con gran dificultad y peligro.

Las hormigas estrategas y el atípico comportamiento animal en medio de la inundación
Continuamente durante el rescate, chocaban contra el bote un conjunto de hormigas pequeñas vivas, amontonadas. Su volumen a veces llegaba a veinte centímetros cúbicos. Eran esferas vivas que flotaban a la deriva sobre el agua. Ese grupo uniforme de animales pequeños se movía continuamente, girando, lo cual hacía que ningún componente se ahogara. Se mantenían así tan adheridas a flote que era fácil tomarlas con ambas manos sin que se desintegrara el conjunto. La mayoría de los artrópodos terrestres perecían ahogados; excepto los más livianos que sobrevivían y flotando, impulsados por el viento, llegaban a la orilla.

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Durante el rescate, grupos de hormigas vivas, amontonados, flotaban entre la resaca; su volumen aproximado llegaba a los veinte centímetros cúbicos. Llamaba la atención ese comportamiento social, el cual hacía que no se hundieran porque giraban agrupadas fuertemente. Así, lograban sobrevivir hasta que llegaban a la costa.

Desde el primer momento me llamó la atención una pareja de horneros que construían su nido sobre un poste de un alambrado. Ese nido cuarenta y ocho horas más tarde estaría completamente sumergido bajo el agua. Los seres humanos hacemos cosas que desconciertan a los animales. Cuanto más estereotipado es un comportamiento, menos probabilidades tiene de sobrevivir el que lo realiza por ausencia de creatividad. El caso de los horneros era un ejemplo de lo dicho. Algo parecido ocurrió con tres lagartos enormes que se hallaban en las ramas más altas de un árbol; la mitad de su cuerpo estaba sumergido en el agua. Temblando se dejaron capturar con nuestras manos sin oponer resistencia ni tratando de huir. Ese comportamiento los hacía ver ridículos, ya que es algo inconcebible, para quienes conocemos cómo reaccionan esos animales en condiciones normales. Las arañas se subían al bote por todos lados. Caminaban sobre el agua tratando de subirse a cualquier cosa parecida a tierra firme. Estábamos rodeados por ellas. Si se les acercaba una mano se subían rápidamente a ella por los dedos hasta los brazos. No había peligro que picaran; lo único que les interesaba era salir del agua.

El Uruguay natural y moderno, en otra época
Todos los desastres ecológicos son catastróficos, ya sean naturales o provocados por el hombre, como en este caso. Pero lo que no comprende quien no lo vivió, es que toda alteración ecológica genera un trauma en el espíritu de las víctimas, porque según los Psicólogos, se guarda el sufrimiento en la Memoria Permanente de cada individuo.

El rescate de fauna de Salto Grande fue un ejemplo de esfuerzo y sacrificio para quienes realizamos en mayor o menor grado esa tarea. Puso al Uruguay a nivel internacional entre los países desarrollados a pesar de los recursos limitadísimos de nuestro país para este tipo de circunstancias. Así, poco a poco, se fueron rescatando: ratones, zorros, apereás, carpinchos, venados, comadrejas, gatos monteses, ofidios, lagartijas, batracios, arañas, yacarés. Recuerdo que en una ocasión rescatamos cincuenta ofidios en veinte horas de trabajo (incluidas varias Víboras de la Cruz). Todos esos los especímenes capturados fueron llevados a tierra firme, a lugares donde pudieran vivir sin peligro: una isla ubicada en el río Negro, según lo explicaba Blengini.

El rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande fue un acto cuyo contenido ecológico refiere con una filosofía: el derecho a la vida de todo ser vivo por sobre todo. Quedó así bien claro lo que puede hacer la consciencia humana cuando posee principios éticos que se ajustan a un padrón altruista. Si bien el embalse del río Uruguay afectó de diferente modo el ambiente de dos países, Uruguay, a pesar de sus carencias económicas y por consiguiente de recursos, fue el único que hizo lo que era necesario e imprescindible en ese momento sin discriminación o prejuicios.

Las generaciones de la Época Postmoderna, argumentan que las generaciones de la Época Moderna no hicieron lo suficiente para solucionar algunos de los problemas ecológicos que hoy nos mortifican. Las generaciones futuras no podrán quejarse de nosotros, como lo hacemos nosotros de las generaciones pasadas. El salvataje de fauna en el lago artificial de Salto Grande, contuvo la enseñanza de un valor interesante: es más fácil honrar el milagro que es la vida, que destruirla. Ojalá sepan decodificarlo las generaciones futuras.

 

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Un comentario en “Historias del IIBCE_ El rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande

  1. Excelente relato que hace justo homenaje a quien no los buscaba, relato que nos regala a quienes lo conocimos un recuerdo merecido y a quienes se acercan ahora a esta historia crean que es tan verdadera como a Juan le gustaría que fuera recordada.Gracias tío!

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