Entretelas de Laboratorio_ Ciencia, mujeres y arañas

Carmen y Leticia y Macarena son 3 entre más de 15 investigadoras e investigadores que se dedican a estudiar la vida de la arañas en el IIBCE. Decidimos conversar con ellas, para mostrar un pedacito de la grandiosa ciencia que realizan como biólogas especializadas en el estudio del comportamiento animal, la filogenética, la ecología y la evolución.

Macarena González regresó hace poco de Córdoba, donde realizó su doctorado investigando a Aglaotenus lagotis, una araña que podríamos encontrar en un viaje de aquí a Colombia. Se dice que todo es la misma especie pero ella y otros aracnólogos sospechan que no.

Como vive en diferentes ambientes e incluso dentro de nuestra región la han visto con comportamientos y hábitos variables, podrían haber al menos dos especies distintas, y una de ellas, exclusiva de nuestras latitudes. Hoy Macarena busca probar la identidad de las hermanas Aglaoctenus, algo que podría ser tan simple como tomar dos individuos y ver las diferencias. Pero la ciencia pide mucho más, y más aún si se trata de algo que otros dicen no ser así.

Macarena registrando datos de una tela de A. lagotis construida sobre un árbol. Foto Carlos A. Toscano-Gadea

Macarena registrando datos de una tela de A. lagotis construida sobre un árbol. Foto Carlos A. Toscano-Gadea

Aglaoctenus lagotis es una “araña lobo”, como las demás arañas del género Aglaoctenus. Todas pertenecen a la familia Lycosidae, que se caracteriza porque sus integrantes son errantes, es decir que no viven ni en telas ni en cuevas. Como toda regla tiene sus excepciones, allí pueden estar las claves de la búsqueda de Macarena. A. lagotis sí hace telas, específicamente en forma de embudo. Esto condiciona varios aspectos de su comportamiento, al menos el sexual, el parental y el de captura de presas.

En su doctorado Macarena y sus orientadores investigaron varios aspectos de la vida de A. lagotis, como por ejemplo los detalles de un encuentro sexual, quién abandona su vida sedentaria para salir en busca de su media naranja y cómo se guían en el camino hacia un encuentro de pareja.

Hembra adulta de A. lagotis

Hembra adulta de A. lagotis

Observaron el cortejo, la cópula, y cuánto influye el hecho de que ocurra sobre una trama de seda y no sobre el suelo como lo hacen los demás licósidos. Por si esto fuera poco, Macarena se animó a tomar medidas de la genitalia de hembras y machos, para ver si quienes parecen ser de especies distintas eran capaces de comunicarse y reconocerse para copular entre sí.

Su objeto de estudio, además de ilustrar mecanismos de biología reproductiva y ecología evolutiva, también tiene una aplicación directa, ya que lagotis está nominada al grupo de animales controladores biológicos de insectos-plagas. Ya se conoce el ciclo de vida de A. lagotis en las cuatro estaciones. Ahora resta evaluar qué tanta cantidad de insectos perjudiciales, por ejemplo langostas, presas frecuentes en el campo, son capaces de atrapar y consumir.

A. lagotis capturando una langosta. Foto Alvaro Laborda.

A. lagotis capturando una langosta. Foto Álvaro Laborda.

Leticia Bidegaray es investigadora posdoctoral del Laboratorio de Etología, Ecología y Evolución del IIBCE. Comenzó su carrera  con Susana González, estudiando la genética de la conservación vinculada a los ciervos neotropicales. Siempre le gustó la genética y le interesó estudiar cómo se genera la diversidad. En 2003 viajó a Barcelona y luego de establecerse buscó un lugar para continuar el camino de la investigación.

Encontró un sitio casi ideal, donde investigaban los procesos que generaban la diversidad de especies de arañas, tanto a nivel intraespecífico, dentro de la misma especie, como interespecífico, entre individuos de diferentes especies.

¿Tenés miedo de la arañas? Le preguntó un día Miquel A. Arnedo. “Y… ¡No!” Así comenzó un camino de investigación en el Departamento de Biología Animal de la Universitat de Barcelona y una carrera académica que años más tarde le permitió volver a Uruguay y al IIBCE, con experiencia y conocimientos muy valiosos para nuestra ciencia. Mientras estaba en Barcelona, viajó a California y Suiza,  donde conoció metodologías de estudio para casos específicos que veía interesantes.

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Leticia_Bidegaray_ Investigadora posdoctoral del LEEE, IIBCE

Leticia trabaja desde entonces con dos modelos de los géneros Harpactocrates y Parachtes endémicos del mediterráneo occidental. Sus distribuciones particulares la motivaron a investigar los procesos que generaron su diversidad. Sus estudios contribuyeron a entender la generación de la biodiversidad del Mediterráneo.

En Parachtes comprobó su hipótesis inicial, la diferenciación entre las especies se correspondía con los procesos geológicos de la región. En el caso de Harpactocrates, su hipótesis sobre los ciclos glaciales en el Pleistoceno como modeladores de la diversidad no funcionó. El tiempo de diferenciación entre las especies se correspondía con eventos de cambios climáticos mucho más antiguos.

A Leticia siempre le interesó estudiar el pasado, algo evidente al saber que sus objetos de estudio tienen entre 20 y 30 millones de años. Lo que más la motiva es entender por qué se generó la diversidad. Algo genial de su viaje al pasado, es la utilidad para comprender en el presente, por qué las especies que vemos están donde están y qué debemos conservar.

Por eso a partir de sus trabajos en el Norte pudo profundizar en las preguntas que hoy son el foco de varios proyectos de investigación con nuestras arañas. Aquí cambió de modelo y trajo sus aportes personales por ejemplo al estudio del género Allocosa, al que pertenecen las particulares arañas blancas de la arena Allocosa alticeps y Allocosa brasiliensis.

Allocosa alticeps_Foto_Álvaro Laborda

Allocosa alticeps_Foto_Álvaro Laborda

En el IIBCE participa en varios proyectos con estas especies. Ambas son arañas lobo que viven en los arenales costeros de Uruguay, Argentina y Brasil. Son muy estudiadas por tener inversión de los roles sexuales: las hembras inician el cortejo y los machos son selectivos. Además, ambas son indicadoras ambientales de las dunas costeras de Uruguay.

En uno de sus estudios colabora para establecer sus distribuciones en el presente, pasado y futuro ​y así poder establecer correlaciones entre la diversidad genética y distribución geográfica en el tiempo​ y el espacio, e incluso identificar zonas prioritarias a conservar. Para ello cuenta con la colaboración de investigadores del Laboratorio de Ecología, Etología y Evolución, LEEE, y de la Facultad de Ciencias. Además, participan el Dr. Miquel Arnedo de la Universidad de Barcelona y el Dr. Patricio Pliscoff, a quien conoció en Suiza y vino en enero de 2015 a compartir sus conocimientos con nosotros.

Los resultados preliminares muestran que en A. alticeps hay tres linajes o grupos genéticamente diferenciados: uno está ampliamente representado por individuos de todas las localidades muestreadas, y los otros dos por individuos de dos localidades del Departamento de Canelones y una del Departamento de Rocha. Los tres linajes coexisten únicamente en éstas localidades.

Estos indican la importancia de realizar un esfuerzo en el monitoreo y desarrollo de estrategias para la preservación de la alta diversidad genética encontrada en A. alticeps en dichas localidades. Por otro lado, los resultados de la predicción de la distribución en el futuro muestran una distribución reducida de ambas especies que se desplazaría hacia el sur. Esto también remarca la necesidad de desarrollar estrategias para la preservación de ambas especies y del ecosistema costero supralitoral uruguayo.

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Otra especie con quien trabajó Leticia. Harpactocrates ravastellus. Foto Eduardo Mateos.

Carmen Viera es una aracnóloga con una trayectoria de más 30 años. Desde 1986 es docente en Facultad de Ciencias, y es Investigadora Asociada y Jefa del Laboratorio de Ecología del Comportamiento del IIBCE.

Una de sus líneas de investigación, es el comportamiento social de arañas sociales y subsociales, en sus estrategias reproductivas y la dispersión, fusión y fisión de nidos. El comportamiento social es una extensión del comportamiento parental y bastante peculiar en las arañas. Sólo 60 especies de más de 45000  conocidas presentan este modo de vidaya que la enorme mayoría son solitarias y sumamente caníbales

Las arañas subsociales tienen una etapa de vida en común con sus padres y hermanos y se dispersan como adultos. Las camadas de hijos viven con la madre en una estructura comunitaria llamada nido de seda.

Nido comunal de araña subsocial

Nido comunal de araña subsocial

Carmen eligió estudiar el género Anelosimus, porque tiene la particularidad de abarcar especies sociales, subsociales y solitarias.​ Una de sus  alumnas de Doctorado realizó un estudio, comparando el comportamiento parental de 6 especies, 3 de Brasil y 3 de Uruguay. En cada país, una social, una subsocial y una solitaria.

Encontraron que la inversión de tiempo y energía en el cuidado maternal es mayor para las madres de arañas subsociales. Las sociales colaboran todas y por lo tanto se reparten el trabajo, y las solitarias no realizan cuidado de crías. Por lo tanto, las arañas subsociales son las que invierten más ya que se encargan de todo.

La sociabilidad se da mucho en los trópicos, donde la oferta de presas diferentes es mayor y las condiciones ambientales son más estables. Los nidos de las arañas alcanzan un tamaño mayor que en climas templados. Vivir en comunidad les permite cazar insectos más grandes.

Este tema se relaciona con la otra línea de investigación de Carmen, el comportamiento de captura. Los predadores no siempre consumen la presa más grande. Cada individuo hace lo mejor dentro de la potencialidad que tiene. Conseguir alimentos de mayor y mejor calidad involucra comportamientos defensivos y agresivos, lo que implica una inversión de energía extra que hay que compensar.

Araña capturando una presa 2

Araña capturando una presa

Esta línea ha llevado a que recientemente visitara al IIBCE un experto en físico-química de las telas de arañas, el Dr. Sean Blamires* Su visita se concretó a través de un proyecto de investigación en común, por demás interesante: conocer las diferencias entre las telas de una araña nativa australiana invasora en Uruguay, Badumna longiqua, en 3 situaciones diferentes, en Uruguay y Australia.

Badumna longiqua llegó a Uruguay con el eucaliptos y hoy desplaza a las arañas subsociales que investiga Carmen, en particular a una que lleva su nombre: Anelosimus vierae. Existen nidos de Anelosimus con y sin Badumna y también hay lugares donde Badumna está sola. Al comparar las telas de Badumna en cada situación, se observan variaciones en diseño y estructura, que podrían relacionarse con la adaptación a diferentes situaciones.

Badumna parasita a Anelosimus y hace telas usando de base su nido. Anelosimus, como buena araña social, es tolerante, y por eso es muy parasitada. Otras especies la “usan”. Por ejemplo las cleptoparásitas, que no parasitan a la araña sino el lugar y los beneficios que le da, como restos de presas o temperatura moderada dentro del nido.

Sean se llevó 3 hilos de cada tela de cada araña, 20 por situación, en una estructura especial diseñada para la ocasión. Los relevamientos se realizaron en el Parque Rodó, donde están las 3 situaciones representadas.

Hilos de seda (ballooning), modo de dispersión de algunas arañas

Hilos de seda (ballooning), modo de dispersión de algunas arañas

A partir de los proyectos con Sean, Carmen lleva adelante otros proyectos de comportamiento constructor y depredador con otras arañas, cada género y especie con su particularidad biológica. Como en una tela, podríamos perdernos y quedarnos atrapados con sus anécdotas, sus conocimientos y sus proyectos a futuro.

Es increíble como un animal tan pequeño nos puede enseñar tanto. Y cómo la ciencia es un camino de conocimiento infinito; aunque a veces da vueltas o incluso parece retroceder, no para nunca y crece desde el pie, o mejor dicho, desde las patas articuladas.

 

Rocío Ramírez Paulino

Un mundo de interacciones microscópicas entre bacterias y plantas

Entrevistamos a Elena Fabiano y Raúl Platero (Rufo) para conocer otra historia del IIBCE que continúa dando frutos*. Un historia que ilustra el trabajo de nuestros investigadores, cuyas derivaciones son tan fascinantes como una exposición de fotografía artística y etnobotánica, la degustación de maní nativo, o la obtención de biocombustible a partir de su aceite.

1 Desde el punto de vista de la Bacteria

Los Esteros de Farrapos, un lugar único y diverso. Fotografía del estudio etnobotánico con posterior muestra fotográfica “El punto de vista de la Bacteria”, de las antropólogas Magdalena Chouhy y Lucia Corallo.

Los Esteros de Farrapos son parte del Parque Nacional de Farrapos, un área protegida del Uruguay que además, es de los primeros sitios que cuenta con un sistema de manejo para el área protegida. El IIBCE llegó a trabajar allí nada más ni nada menos que por las bacterias.

Entre las millones de bacterias que podemos llegar a conocer, una gran cantidad son bacterias que mejoran el crecimiento de la plantas. En el Departamento de Bioquímica y Genómica Microbianas del IIBCE (BIOGEM) se estudian los rizobios, bacterias que colonizan plantas leguminosas y viven con ellas como microsimbiontes. Este nombre de película, indica una relación con beneficio mutuo entre bacterias y plantas, donde se produce la fijación biológica del nitrógeno (N) atmosférico, un proceso de importancia vital para el suelo y la vida en la Tierra.

Papilionoideae Sesbania punicea Ambiente Estero, Monte de ribera Rizobio Azorhizobium

Una interacción colorida: Leguminosa Sesbania punicea y su rizobio Azorhizobium

Diálogo molecular
Plantas y bacterias se relacionan entre sí en una variedad enorme de interacciones. Entre éstas, la que se produce entre rizobios y leguminosas es de las más complejas. En BIOGEM se trabaja con sistemas modelos de estudio de la microsimbiosis rizobio – leguminosa, que permiten intercambiar información con investigadores de otras partes del globo. De esta manera, se puede llegar a conocer las bases de una relación tan sofisticada.

Rocío_ ¿Dónde está la complejidad de esta interacción planta – bacteria?

Rufo_ En cómo fue evolucionando la interacción: Existe un diálogo mano a mano entre la bacteria y la planta. No cualquier bacteria entra en cualquier planta ni cualquier planta deja entrar a cualquier bacteria. Hay un diálogo molecular donde se intercambian señales. La planta reconoce a la bacteria y viceversa. Las señales que libera la planta son interpretadas por la bacteria y a su vez la bacteria responde, largando otras señales que son interpretadas por la planta, lo que va llevando a que la planta progresivamente permita que la bacteria entre, ¡que colonice!

Rocío_ Como un cortejo sexual…

Elena_ Tal cual, primero se van conociendo y reconociendo . La planta no puede dejar entrar a cualquiera, se asegura que no haya riesgos, porque una bacteria puede generarle una enfermedad. Hay varias señales involucradas, señales de reconocimiento. Es una cascada de señales. Por ejemplo moléculas de la superficie de la bacteria. Probablemente no conozcamos todas las señales.

Rocío_ ¿Dónde está la ventaja de la simbiosis entre la planta y la bacteria?

Elena_ La planta le da nutrientes a la bacteria (los cuales básicamente provienen de la fotosíntesis) la bacteria adquiere la capacidad de fijar Nitrógeno que luego se lo da a la planta. En realidad son células diferenciadas de ambas partes las que crean una estructura especial, el nódulo, donde se fija el N. En esa estructura es que se da la fijación biológica del N.  Uno de los temas que estudiamos en BIOGEM está enfocado a conocer cómo se intercambia el hierro en esa interacción planta-bacteria ya que ese metal es esencial para la fijación biológica de N. Esto es investigación fundamental y básica, de implicancia indirecta económica y ecológica. Pero también nos interesa conocer la biodiversidad nativa de bacterias asociadas a plantas presentes en Uruguay, su aporte al ecosistema  y el uso que tienen a nivel ambiental y económico.

Cesalpinoideae Chamaecrysta flexuosa Ambiente Arenal Rizobio Burkholderia

Chamaecrysta flexuosa y su rizobio, Burkholderia. Vive en los arenales.

Uruguay Pionero
El elemento Nitrógeno es un componente fundamental de todo lo vivo. Varias bacterias invierten su energía en fijar N y realizan el mayor aporte de N a los sistemas terrestres, ya que la asociación planta- leguminosa tiene la mayor tasa de fijación de N en el suelo. En paralelo, un poco se fija por procesos no biológicos como las tormentas eléctricas.

Rufo_ Uruguay es uno de los países pioneros en decidir y legislar el uso de rizobios para fertilizar los cultivos de leguminosas con la finalidad de disminuir el uso fertilizantes químicos nitrogenados en las praderas. Hace años que se usan y existen varios intereses, como el de las empresas productoras de inoculantes o biofertilizantes en base bacterias).

Uruguay es uno de los primeros países en utilizar inoculantes en el mundo, y cuando se decidió, cerca del 1950, el IIBCE estuvo involucrado. Se hicieron en el país cosas bien y cosas mal. Es una historia interesante, aunque un tanto larga.

Rocío_ ¿Podrían resumirla?

Elena_ Se usaron tanto rizobios aislados de nuestros suelos como rizobios importados. Fue el caso de un inoculante usado para tréboles. Se importó una especie de trébol muy usado en otros países como Australia, y también se importó el inoculante a base de rizobio recomendado en Australia para esa especie de trébol. Sin embargo en Uruguay, las cosas nos marchaban tan bien como en Australia. Al tiempo el inoculante desaparecía del suelo y las bacterias locales le ganaban a las importadas, ya que estaban adaptadas a los suelos locales. El problema es que las bacterias que se asociaban a esas plantas  que no eran las originales en ese suelo, producían un tipo de asociación que no fijaba N. Eran parasitarias, ¡producían nódulos infectivos!

Entonces se seleccionaron cepas bacterianas nativas capaces de asociarse a las leguminosas importadas y lograr buenos niveles de fijación. Y eso es lo que se usa hoy. Alfalfa, Soja, Trébol blanco, Trébol rojo, Lotus y otras leguminosas son todas inoculadas con biofertilizantes en base a rizobios Son todos cultivos que se usan en grandes parcelas.

Hay muchos factores que influyen en la interacción. Por ejemplo la composición del suelo, si es ácido, alcalino. La asociación va a depender entonces del tipo de suelo, de la planta y de las bacterias  Es importante considerar al suelo no sólo como un soporte inerte, sino como una mezcla compleja que incluye no sólo elementos químicos, sino también seres vivos como bacterias y hongos. Por eso se estudia mucho desde otras disciplinas y en otros centros como el INIA, Facultad de Agronomía, Facultad de Ciencias, Facultad de Química.

Rocío ¿En qué se focalizaron desde el IIBCE?

Mimosideae Mimosa adpressa Arenal costero Rizobio Cupriavidus

Mimosa adpressa y su Rizobio, Cupriavidus. Vive en los arenales costeros

Elena_ A nosotros nos pareció importante trabajar con lo nativo, para rescatar la diversidad y buscar posibles cepas o asociaciones útiles desconocidas. Para poder explotarlas económicamente y para mejorar la calidad de los suelos. Cuando se empezó con el boom de la forestación con Pinos y Eucaliptus en Uruguay, hace ya más de 10 años,  pensamos ¿Qué aporte podemos hacer desde nuestro grupo?

Entre las leguminosas uruguayas hay una especie nativa muy promisoria para la forestación: el Angico* (Parapiptadenia rígida). Entonces nos preguntamos: ¿Qué asociación hay entre los Angicos y los Rizobios? ¿Dónde hay Angicos naturalmente presentes en Uruguay? Y fuimos a muestrear a Artigas, Rivera, Tacuarembó y Salto. Así se hizo una colección de rizobios que nodulaban Angico. Estudiamos los rizobios y seleccionamos los que mejor hicieron crecer las plantas. Aquí quiero mencionar especialmente el trabajo que realizó Cecilia Taulé, que fue quien hizo toda la caracterización de las bacterias que obtuvimos. Hicimos ensayos a nivel de campo y tuvimos resultados promisorios y problemas variados.

Rocío_ ¿Como cuáles?

Elena_ Debemos haber plantado al menos 1200 Angicos. Algunos en Rivera, otros en Treinta y Tres, Lavalleja y Montevideo. El principal problema fue la desaparición de los ensayos por razones muy variadas como ser expropiación del terreno donde se realizaba el ensayo o ataque de liebres y caballos a las plantas. Aún seguimos trabajando con Angico. En ese trabajo habíamos centrado el estudio en una leguminosa, y luego pensamos, vamos a cambiar de estrategia y vamos a relevar todas las leguminosas de una región y ver qué asociaciones establecen. Decidimos hacerlo en los Esteros de Farrapos, porque se había reportado que había varias leguminosas y una diversidad ambiental alta. Y si, ¡la hay!

Curiosidades del Angico

Queríamos conocer, qué leguminosas hay, con cuáles rizobios se asocian, qué tipo de asociación establecen, para así poder determinar utilidades. Y bueno, una de estas utilidades tenía que ver con la etnobotánica; o sea qué conocía la población sobre las leguminosas, que uso le daban, registrar el conocimiento popular, el saber popular. Para ello nos contactamos con dos estudiantes de antropología y por supuesto contamos con la participación de una botánica. Yo soy química y Rufo bioquímico, especializados en microbiología, así que de plantas y antropología bien poco sabemos. También participó muy activamente en este trabajo Federico Battistoni y muchos compañeros nos ayudaron con la colecta de los nódulos, tarea que no es sencilla.

Rufo_ En nuestro medio el conocimiento ancestral está muy poco rescatado. Hay conocimiento posiblemente de los propios inmigrantes que tomaron la flora y fauna que había y generaron sus propios productos en base a ellos.

Papilionoideae Eritrina crista-galli Ambiente Borde del Blanqueal Rizobio Mesorhizobium

Eritrina crista-galli y su Rizobio, Mesorhizobium. Vive en los bordes del Blanqueal

Seguimos investigando en el proyecto. Lo hacemos en la medida de las posibilidades. María Zabaleta, la encargada del Bioterio de Plantas del IIBCE, hizo su maestría en este tema y luego se hicieron  dos pasantías de grado. No hubo financiación externa

Rocío_ ¿Y cómo financiaron los estudios?

Rufo_ Hubo financiación nuestra, aunque por supuesto también contamos con un aporte parcial de PEDECIBA y por supuesto del IIBCE.

De las leguminosas que vimos en Esteros no sabemos todavía si alguna tendrá luego una utilidad económica. Vimos quién está, cómo está y en qué condiciones, si ya tiene un uso o no. Encontramos por ejemplo algo interesante: Un maní nativo, originario de América.

El Maní nativo
Rufo nos contó una historia dentro de la historia, el origen y los usos del maní, Arachis hipogaea

En Uruguay ocurren naturalmente dos variedades de maní, Arachis villosa y Arachis burkartii. Arachis villosa crece en las costas del río Uruguay y Río de la Plata, mientras que A. burkartii se desarrolla en los suelos arenosos del norte de nuestro país, principalmente en los departamentos de Rivera y Tacuarembó, donde la presencia de esta leguminosa es valorada a nivel productivo.

Papilionoideae Arachis villosa Ambiente Arenal Rizobio Bradyhizobium

Arachis villosa y su Rizobio, Bradyhizobium. Vive en los arenales

Rocío_ ¿Uds. descubrieron que había maní en Uruguay?

Rufo_ Ya se sabía que existía una especie de maní en Uruguay. El primero en proponer el nombre A. villosa fue el botánico Argentino Arturo Burkhart en 1952.

Muchos naturalistas describieron gran parte de la flora nativa que conocemos. Arachis es el nombre de la familia del maní, es la variedad comercial. Hay 8000 años de historia de uso del Arachis en américa, uno de los cultivos más importantes con valor económico para muchos pueblos.

El Arachis villosa, ocurre en los márgenes del río Uruguay. Es realmente una especie nativa, autóctona, no tiene una distribución mayor. Produce un maní pequeño y éste produce una especie de aceite con buenas propiedades que incluso puede usarse como biocombustible… Parece que el primer motor que creó Rudolf Diesel funcionó usando aceite de maní como combustible.

Rocío_ Qué interesante.

Rufo_ Lo interesante de estudiar esta variedad, es que la planta está adaptada a nuestro ambiente. Hoy estamos escribiendo una publicación con todo lo que hemos realizado en el IIBCE. Encontramos una gran variedad de rizobios que existen en Esteros, asociados a unas 30 especies de leguminosas diferentes.

Curiosidades del Angico 2

El maní y las demás leguminosas adaptadas a nuestro ambiente, así como  las relaciones entre los pobladores de Esteros y éstas plantas por demás valiosas, fueron el objeto de estudio de una investigación etnobotánica que culminó en una muestra fotográfica maravillosa. En el IIBCE Abierto 2014 tuvimos la suerte de que la autoras, Magdalena Chouhy y Lucía Corallo, expusieran su trabajo para deleite de todo el público que nos visitó.

Compartimos algunas de sus fotos aquí como gran toque “final” de una historia que continúa.

3 Desde el punto de vista de la Bacteria 5 Desde el punto de vista de la Bacteria4 Desde el punto de vista de la Bacteria

Gracias Raúl y Elena.
Contactos: elena.fabiano@gmail.com /rufocold@gmail.com

*Entrevista realizada por Rocío Ramírez Paulino, Comisión de Divulgación del IIBCE

Clemente Estable HOY_ Columnas en el diario El Pueblo de Santa Lucía

Hace un par de meses tuvimos una visita muy especial al Instituto. Leonel Malacrida, Doctor en Ciencia Biológicas que trabaja en el Hospital de Clínicas y hoy realiza su post-doctorado en Estados Unidos*, quería conocer el legado de Estable de primera mano y buscaba encontrar los originales de sus artículos científicos, que aún hoy son citados por expertos de todo el mundo.

Se encontró con varias publicaciones originales, recortes de diarios, documentos oficiales y fotos olvidadas; su asombro y admiración por lo que veía era evidente. Su pasión por la ciencia y en particular por la figura de Estable, había nacido en parte por su colega y profesor Dr. en Veterinaria Gustavo Naya, ex docente de Secundaria del Liceo Santos Rabaquino Paccini de Santa Lucía, donde además de dictar cursos de Biología, desde entonces promueve de la figura y el trabajo de Estable.

Ambos son de Santa Lucía, Canelones, orgullosos coterráneos de Estable que se han propuesto divulgar sus aportes más significativos y por sobre todas las cosas, poder transmitir en lenguaje llano la relevancia en sus trabajos a toda la población.
Allí existe un periódico con más de 94 años de publicación ininterrumpida, el diario El Pueblo de Santa Lucía, donde desde octubre de 2014 han publicado una serie de columnas sobre varias contribuciones de Don Clemente al conocimiento científico.

En estas columnas encontraron un espacio mensual para difundir ciencia, además de denotar la figura de Estable y sus grandes aportes, no sólo a la ciencia, a toda cultura uruguaya. Y en este espacio propio del Instituto que nació con fines de divulgación, compartiremos sus columnas, una a una.

Estable continúa vivo, en el corazón de la ciencia y en los ojos de todos quienes podemos ver su obra de cerca y vivir su espíritu haciendo y comunicando ciencia.

Copiamos la primer columna aquí debajo y dejamos los enlaces a los documentos en pdf. de todas las columnas.

*Leonel investiga las aplicaciones de Fluorescencia y Microscopía en el estudio de la organización de las membranas durante migración celular en el Laboratorio de Dinámicas de Fluorescencia de la Universidad de California, Irving.

Clemente Estable
Espacio Clemente Estable en el diario El Pueblo de Santa Lucía

Para comenzar y contextualizar esta columna nos parece importante explicar al lector el origen y los objetivos que esta tiene. Básicamente, profesor y alumno con una grandísima vocación por lo que hacen tiene la necesidad de divulgar una parte importante de la cultura de nuestro país y que no siempre es debidamente explicada y desarrollada, lo cual la hace inentendible para el promedio de nuestra población.

La cultura científica es parte importante y vitalizadora del desarrollo y provenir de nuestro país, subsidiada en su mayoría por todos, dado que nuestro estado es el mayor centro de investigación en nuestro país, pero pese a eso no siempre entendida por todos. Esto transforma a los científicos en una especie de individuos con cualidades distintas y su disciplina en un área hermética para unos pocos. Intentaremos utilizar entonces este espacio como elemento de divulgación del trabajo científico que puertas adentro de muchos laboratorios de nuestro país los investigadores uruguayos llevan adelante. Nos parece verdaderamente inaceptable que sus trabajos sean más conocidos en el exterior que en nuestro propio medio.

Es particularmente importante que hagamos notar al lector que nuestro espacio tiene nombre y apellido que enorgullece a todo Santalucense. El maestro, profesor, investigador, filósofo, pedagogo y una lista interminable de adjetivos más, que en él, se transforman en cualidades indiscutibles, son el elemento fundamental de nuestra vocación para divulgar y aterrizar parte de la obra científica del Prof. Clemente Estable.
Quizás es conocido por muchos, pero no por todos, que el profesor y maestro Clemente Estable es nacido y bautizado en nuestra bonita Santa Lucía, en ese entonces conocida como San Juan Bautista. Como sabrán también los lectores nuestra ciudad tiene como homenajes a Clemente Estable la Escuela 156 y el Parque que se encuentra a la margen del río Santa Lucía. Será entonces para nosotros un desafío muy importante poder transcribir en parte la obra científica y pedagógica de Estable en este ciclo de columnas que intentaremos llevar adelante mensualmente el Profesor Dr. Gustavo Naya y el Dr. Leonel Malacrida.

Como trabajo inicial y motivados por el 38 aniversario de la desaparición física de Estable (27 de Octubre de 1976), pensamos que es importante abocarnos a ilustrar al lector sobre la personalidad y pensamiento de Estable, de manera que sea mucho más sencillo en las columnas futuras comprender en parte la grandeza y belleza del trabajo que este pro-hombre de nuestra localidad a desarrollado y fecundado en nuestro país.

Hijo de dos inmigrantes Italianos (Don Guiseppe Stabile y Doña Guiuseppa Falobella, de la Provincia de Salerno) afincados en las afueras de la ciudad de Santa Lucía, más precisamente en lo que hoy conocemos como Paso del Sordo en la ruta 81, entre Santa Lucía y el Empalme de la ruta 81 y 5 vieja (predio de la familia Bracco), el 23 de Mayo de 1894 nace Clemente Estable como el noveno hijo de 14 hermanos que la familia Estable tuvo. Los últimos cuatro hermanos son nacido en la ciudad de Montevideo donde su familia se muda en 1897 (Villa de la Unión).

Cursa estudios en la escuela pública, pero mayormente ayudado por su hermano Nicolás, quien le enseña y prepara para concursar por una beca de estudios magisteriales. Se recibe de Maestro para finales de 1913 (con tan solo 19 años). Fuertemente influenciado por su infancia en el campo y a fin a todas la disciplinas de la biología (Botánica, Zoología, Fisiología), se destaca por su aptitud y es nombrado muy prontamente como Profesor de Anatomía, Fisiología e Higiene en el Instituto Normal de Varones.

Un hecho anecdótico pero que pinta de cuerpo entero su personalidad, talla moral y ética, es que compra con su sueldo el primer microscopio (Baush & Lamb), dado que el instituto carecía de uno. En textuales palabras de Estable “el primer microscopio lo compré cuando ganaba $15 por mes. Lo amortizaba con $10 mensuales”, este hecho es considerado por el propio Estable como el elemento fundacional del comienzo del sueño del Instituto de Investigaciones Biológicas. Parece interesante destacar que el padre de Clemente, don Giuseppe fue en parte responsable de la elección y diseño de la vasta gama de especies botánicas que tiene nuestra Quinta de Capurro. Lo cual probablemente haya sido un elemento de vital importancia para forjar la personalidad naturalista de Clemente.

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Dada su vocación y destaque a sus 28 años es premiado con una beca del Gobierno Español para trabajar con el premio Nobel de Medicina, Don Santiago Ramón y Cajal. Con el cual ya tenían conocimiento el uno del otro, dado que Estable fuere un gran lector y admirador de la obra de Cajal, y por otro lado, es conocido el respeto que Cajal tenia por Estable, dado el sentido reconocimiento del sabio sobre la primer obra literaria “El reino de la Vocaciones” de Estable (sobre este libro y sus alcances volveremos en otra ocasión).

Según Estable mismo, la visita al laboratorio de Cajal es uno de los hitos más importantes de su vida y para las personas que entienden de la disciplina el origen de la neurociencia en nuestro país. Allí publica su primer trabajo en 1923, “Estructura comparada de la corteza cerebelosa y derivados fisiológicos posibles” (que intentaremos analizar en ediciones posteriores) y además de este, publica otros dos trabajos más en la revista que dirigía el propio Cajal (abocados a neurobiología y terminaciones nerviosas).

Es evidente que este hecho modifico profundamente la capacidad intelectual y científica que Estable ya poseía, y transformo a este hombre y su intelecto; a su regreso es reconocido como un referente local y regional en su disciplina. Nos parece importante citar algunos fragmentos de discursos y escrituras que Estable ha hecho con referencia a Cajal. Lamentablemente luego de su regreso no hubo oportunidades de un nuevo encuentro dado la muerte del maestro como lo llamaba Estable, pero si mantuvieron una intensa relación epistolar.

Dice Estable, “el pensamiento de Cajal tiene las ondulaciones de la vida, y si a una edad nos dice que dos pasiones dominantes, el culto a la verdad y el amor a la gloria, explican la psicología del investigador y hasta ahora su vida entera, a otra edad, venerable y glorioso anciano, nos habla de sí mismo en los siguientes términos”, cita Cajal: “Doy por seguro y hasta por conveniente que en el fluir del tiempo, mi insignificante personalidad será olvidada… Nada puede substraerse a esta inexorable ley de la vida… Los hechos vinculados inicialmente a un hombre acabarán por ser anónimos, perdiéndose para siempre en el océano de la Ciencia Universal”. Preocupación que posiblemente también apenara al propio Estable y es nuestra premisa que al menos en nuestra ciudad siga la antorcha encendida de la dignidad, cultura y progreso que Estable promulgara con el ejemplo.

A su abrupto retorno de Europa dada por la muerte de su padre, le suceden un sin número de reconocimientos dentro de los que se destaca el nombramiento de Asistente Honorario del Instituto de Anatomía Patología de la Facultad de Medicina, jefe de la Sección Técnicas e Investigaciones del Instituto de Neurología (que dirigía el Prof. A. Ricaldoni) y es socio fundador y presidente de la Sociedad de Biología. Resulta interesante hacer notar que como Jefe de la Sección de Técnicas e Investigación del Instituto de Neurología le correspondía un sueldo, el cual lo dona íntegramente para becas a estudiantes con interés por la investigación (Ricaldoni las llamaba Becas Clemente Estable).

Para 1927, se logra la transformación de la sección de la Inspección Técnica en el Laboratorio de Ciencias Biológicas y Cinematografía, trasladándose a un local propio en el Prado en las calles Millán y Sotelo. Donde Estable trabajaba como Investigador e inaugura el formato de “fulltime geográfico” (régimen por el cual una persona trabaja de manera exclusiva para un servicio universitario y esto le garantiza un incremento salarial y espacio para dedicarse de tiempo completo a sus tareas), concepto que él entendía fundamental para el desarrollo del hombre de ciencia y lo fundamentaba de la siguiente manera, “… es necesario que hayan investigadores sin otra obligación que la investigación en sí, con entrega de todo el hombre, todo el tiempo, en una integral manera de vivir según la propia naturaleza y no esquemas abstractos del hombre integral…”.

Pero más importante aún resulta su visión de cómo enseñanza e investigación en él iban de la mano, y ejercía su posición de influencia para argumentar con hechos concretos el desarrollo de la ciencia en nuestro país. “… como vitalizador de la cultura, nada más eficiente que el profesor se dedique a la investigación. Habrá que darle resueltos, entonces, sus problemas económicos, así podría destinar su tiempo y su inteligencia a los problemas científicos, compartiendo su vida entera a la cátedra, el seminario y el laboratorio… ”, y vaya si que Estable hacia ejemplo de esto último.

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Estable pronunciando uno de sus múltiples discursos, donde promovía su filosofía de vida.

Para 1930, cuando Uruguay era campeón del mundo, es nombrado Presidente Ejecutivo del Primer Congreso Internacional de Biología en Uruguay y pese a intentar convencer de que pudiera asistir al evento su maestro Ramón y Cajal, este declina dada su avanzada edad y problemas de salud. Pese a no ser un académico de carrera, el Prof. Estable logra los mayores reconocimientos de la academia nacional, nombrándolo Profesor Ad Honorem de la Facultad de Medicina en 1933 y Profesor Honoris Causa de la Universidad de Montevideo en el mismo año.

El Laboratorio de de Ciencias Biológicas es transformado en el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIBCE), quedando bajo su dirección desde 1943. En el mismo año, logra con la colaboración del Estado Uruguayo y la Fundación Rockefeller, la edificación, instalación y adquisición de equipamiento del IIBCE donde hoy lo conocemos (Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, IIBCE, ubicado en Avenida Italia y Magariños Cervantes, nombre que se acuño poco tiempo antes de su muerte). Seis años más tarde se traslada completamente el Laboratorio de la calle Millán al IIBCE, y en este nuevo instituto, Estable preside por 50 años. Desarrolla una sin número de trabajos científicos que abarcan casi todas las disciplinas de la medicina (en total se estiman en unos 200 trabajos científicos).

Para enumerar dentro de la vasta y fecunda producción científica de Estable podemos destacar claramente su contribución en la Neurociencia, pero además de esto ha tenido una prodiga colaboración con muchos investigadores de disciplinas como Cardiología, Anatomía e Histopatología, Oftalmología, Hematología y Endocrinología, Farmacología/Toxicología, Ginecología, Neumología/Anestesia y por si fuera poco descripciones y desarrollos metodológicos para la fisiología y biología celular que todavía perduran en el tiempo.

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Algunos de los logros más significativos son su contribución a la comprensión de la enfermedad de Friedreich, ultraestructura sináptica y durante su regeneración (primer reporte conocido), inicio de los conceptos sobre plasticidad sináptica, implantación parmente de electrodos, su trabajo sobre las lesiones nerviosas en la afección cardíaca, imagenología y fisiología in vivo del corazón de vertebrados, estudio del aparato de Golgi en células sanguíneas, inervación nerviosa del ovario, toxicología de las toxinas, anestesia y el control aferente/eferente del musculo, estructura del nucléolo y la reconocida descripción del Nucleolonema, nombre que Estable acuño a esta estructura del nucléolo y que es de las pocas entradas uruguayas al diccionario de la academia mundial de medicina.

Es evidente que un hombre de esta magnitud debiera tener un entorno de afectos que contuviera y sustentara tamaña humanidad, a sus 33 años contrae matrimonio con la maestra Isabel Puig Cardama y con ella tiene tres hijos: Isabel, Clemente y Juan Francisco. Según palabras de Estable a su esposa e hijos, “Matrimonio bienaventurado y los hijos mejor bendición… Compañera excepcional, inteligentísima, de admirables imperativos éticos…”

Nos gustaría poder culminar con algunas semblanzas de Estable sobre el rol e importancia de la investigación en el desarrollo y educación, “El país que no investiga se entrega a la esclavitud y a la miseria”, así como su visión del investigador “Todos alabamos la belleza del árbol, todos elogiamos el encanto de una flor; todos escanciamos el zumo que fermenta y … muy pocos se acuerdan de la oscura raíz que trabaja en la profundidad”, y nos dice que “el investigador es un buscador de límites, un estudioso que busca donde la sabiduría nos deja en la ignorancia”.

También es interesante su reflexión sobre la necesidad del trabajo grupal para madurar el desarrollo de una disciplina, “Las verdades científicas pueden surgir como relámpago o como sorpresas de la vida, pero siempre crecen, maduran y se depuran lenta y laboriosamente a través de muchísimos cerebros”, pensamos entonces que debería resultar inmediato para el lector percibir la dimensión ética, moral y filosófica de un hombre integro.

Clemente Estable e investigadores del Instituto, en el Instituto de Avenida Italia.

Clemente Estable en el Instituto que fundó y hoy lleva su nombre, en su locación actual, Avenida Italia 3318.

Nos despedimos saludando a los lectores de este diario local, y humildemente, esperamos haber podido ilustrar al lector sobre la personalidad y semblanza de este coterráneo que enorgullece a todos nosotros.

Dr. Leonel Malacrida
Prof. Dr. Gustavo Naya

Columna 1
Columna 2
Columna 3
Columna 4
Columna 4 parte 2
Columna 5

Historias del IIBCE_ El rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande

Cuando falleció Juan Blengini, varios investigadores del Instituto escribieron aquí mismo anécdotas sobre él, un hombre que marcó la historia de la biología y el naturalismo en Uruguay. Una de ellas es sobre el rescate de animales que tuvo lugar luego de construirse la represa de Salto Grande.

Tiempo después de publicada la nota sobre Juan, Roberto Capocasale, investigador grado 5 asociado al Instituto que lo conoció personalmente y fue parte de aquel rescate, accedió a contarnos desde su propia memoria esta gran aventura.

Copiamos aquí su relato, otra historia del IIBCE digna de contar y de leer. Gracias Roberto.

El Comienzo

Cuando el Sr. Juan Blengini, quien intervino en el rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande, nos invitó a Fernando Costa y a mí a concurrir a dicho lugar porque había visto que había muchas arañas, me pareció interesante ir. Personalmente, como aracnólogo sentí que era una oportunidad única: de conocer esa zona y de tener así, a ciencia cierta, una idea general sobre cuál era la aracnofauna del lugar. Porque, una cosa es que los ejemplares salgan de su madriguera porque se inundó el hábitat donde viven y otra muy diferente, es recolectarlos de manera azarosa. Así que, el Prof. Fernando Costa y yo, nos dispusimos a concurrir de buena gana a la zona en cuestión. Costa y yo éramos integrantes del Departamento de Zoología Experimental del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, y como zoólogos sentíamos la curiosidad del investigador científico y la obligación de estar en ese evento para poder vivirlo.

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El lugar del rescate

La catástrofe en Constitución
Al llegar a Constitución nos enfrentamos a un panorama peculiar. Se trataba de un grupo de viviendas construidas, evidentemente, en diferentes momentos, aunque poco se podía concluir ya que la mayoría de lo que quedaba, mostraba un paisaje integrado por restos de casas demolidas; eran ruinas que el agua sepultaba inexorablemente a medida que crecía el agua. En aproximadamente cincuenta minutos, una máquina y un hombre derrumbaban sin consideración lo que, seguramente, había costado muchos días construir. En la gente del lugar se “respiraba” una atmósfera extraña. Era una sensación catastrófica. Cuando se hablaba con alguien del lugar siempre surgía un comentario: “No hay caso, el agua se viene”, e inmediatamente se percibía un estado de angustia. Fue la primera vez en mi existencia que tuve contacto con un desastre ecológico. Al principio no comprendía por qué se sentía miedo ya que todo estaba controlado. “Es peor que en el 59” afirmaban. Más tarde comprendí aquellas quejas. Significaban que las inundaciones del año 1959 habían dejado una huella imborrable en el espíritu de la gente de esa zona. Sentían que, lo que les ocurría, era análogo a lo de aquel año. Lo cual impactaba. Narraban que en aquella ocasión habían perdido “mucho”.
“Mucho” para algunos, era un ropero, un colchón, el calentador a queroseno…
Después de estar en Constitución aún había que ir a El Espinillar: era nuestro Cuartel de Trabajo, que había sido gestionado por Blengini para que pasáramos varios días. Aunque el objetivo de Costa y mío era observar cómo se desarrollaba la tarea, inmediatamente nos vimos involucrados en el rescate, y casi sin darnos cuenta, contribuimos en la tercera etapa de ese largo proceso.

La Historia
Hace más de veinte años, cuando se construyó la represa de Salto Grande, se formó un lago artificial consecuencia del embalse del río Uruguay, en una superficie de 78,300 hectáreas. El río quedó alterado en una extensión aproximada a 140 kilómetros cuadrados. Ese trabajo conllevó una importante alteración ambiental y una enorme destrucción: se talaron árboles, se destruyeron hábitats, quedaron islas sumergidas. Previamente al embalse del río se quemó todo para que el lago fuese navegable.
Del lado uruguayo, antes que la cota llegara al nivel necesario, hubo un grupo de integrantes del Ejército Nacional que realizaron el primer rescate de fauna. Fue en junio de 1978. Y allí, con ellos, estuvo Juan Blengini. En marzo de 1979 se realizó el segundo rescate, que duró seis meses. Hoy son pocas las personas que saben algo sobre esa labor.

Juan Blengini
Blengini fue, desde mi óptica, un verdadero personaje. Un hacedor que en los lugares donde trabajaba se las ingeniaba para ubicar sus animales vivos. Por ejemplo en el Zoológico Municipal, al cual concurría en forma honoraria, armó un espacio donde exhibía al público las víboras que criaba. Lo mismo pretendió hacer en el Museo Nacional de Historia Natural de Montevideo, lugar donde lo conocí, pero como los museos en general son lugares donde los animales se conservan embalsamados, no tuvo éxito en ese sentido, y alguna vez hasta un disgusto; es que él no mataba a los animales.

En el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, ingresó como Encargado del Criadero de ratas y ratones blancos, especímenes que se usan por los investigadores de la institución para hacer pruebas experimentales. A dicho lugar, Blengini le cambió la denominación que tenía por la de Bioterio. De esa forma pudo ingresar los animales que criaba y mantenía sin tener problemas como los que tuvo en los lugares anteriores.
Blengini tenía el perfil típico del Naturalista. Había sido empleado de PLUNA, pero su pasión por los animales le hacía ser un Naturalista innato. Un día, por razones administrativas (algunos decían que por su ideología política) fue pasado “a disponibilidad”; así que, antes que quedarse “en la calle” como se dice vulgarmente, buscó ingresar a diferentes lugares, para finalmente, quedarse en el IIBCE.

En rigor, algunos que se atrevieron a hacer la infidencia, dijeron que a Blengini se le debe la idea de realizar el salvataje de Fauna en Salto Grande. Afirmaban inclusive, que se ocupó de mover influencias personales con el fin de que se efectivizara su idea. Pero, en aquellos tiempos de gobierno de facto, el asunto se mantuvo en secreto por razones obvias. Sea como fuere, el hecho concreto es que durante todas las etapas del salvataje de fauna en Salto Grande, siempre Blengini estuvo presente dirigiendo a los efectivos del Ejército Nacional que trabajaron ejecutando cada etapa del proceso que él supervisaba.

La captura de los animales
En nuestro caso nosotros capturábamos a los animales directamente, sin trampas. Eso lo hacíamos desde un bote, que por supuesto, se movía constantemente. El procedimiento a primera vista parecía simple: arrimarse a la resaca o a la copa de algún árbol que sobresalía sobre la superficie del agua. Eso casi siempre ocurría a varios cientos de metros de la costa. Se apagaba el motor del bote y cuando estábamos cerca de la resaca, con una caña de tacuara larga, que tenía un gancho en el extremo, tratábamos de atrapar al animal que deseábamos capturar; una vez en nuestro poder, se lo ubicaba en el recipiente correspondiente que teníamos para ese fin. Esto, dicho así, parece fácil, pero para quienes lo ejecutábamos era lo más complicado del mundo.

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La resaca ocupaba una superficie de más de diez metros cuadrados. Aunque su aspecto era de serenidad, si se navegaba entre ella era muy peligrosa; los troncos y las ramas sumergidas que no se veían eran obstáculos que ningún bote podía sortear.

El río Uruguay suele integrar un paisaje cuyo perfil es maravilloso, casi mágico. Sus puestas de sol son algo que jamás se olvida. Pero cuando el viento sopla o se avecina una tormenta la circunstancia es terrible. Cuando se está embarcado, el movimiento del agua causa pánico. El viento no se soporta. En nuestra condición de recolectores, los animales, incapaces de agarrarse a las ramas, eran llevados por la corriente y perecían ahogados. La resaca estaba compuesta por el residuo del corte de los árboles, por las ramas y árboles que flotaban y que no habían sido recogidos. En esa masa vegetal semihundida se hallaban la mayoría de los animales que queríamos rescatar.
La resaca vista desde lejos aparentaba ser una masa serena de ramas y troncos flotantes entrelazados, sin peligro. Pero bajo su superficie, había troncos ocultos de hasta cincuenta centímetros de diámetro que destruían cualquier motor o bote. Eso obligaba a navegar lentamente y pensando siempre en el peligro potencial.

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Enroscadas en los troncos y ramas había Víboras de la Cruz. La flecha indica uno de esos ofidios el cual se pudo capturar con gran dificultad y peligro.

Las hormigas estrategas y el atípico comportamiento animal en medio de la inundación
Continuamente durante el rescate, chocaban contra el bote un conjunto de hormigas pequeñas vivas, amontonadas. Su volumen a veces llegaba a veinte centímetros cúbicos. Eran esferas vivas que flotaban a la deriva sobre el agua. Ese grupo uniforme de animales pequeños se movía continuamente, girando, lo cual hacía que ningún componente se ahogara. Se mantenían así tan adheridas a flote que era fácil tomarlas con ambas manos sin que se desintegrara el conjunto. La mayoría de los artrópodos terrestres perecían ahogados; excepto los más livianos que sobrevivían y flotando, impulsados por el viento, llegaban a la orilla.

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Durante el rescate, grupos de hormigas vivas, amontonados, flotaban entre la resaca; su volumen aproximado llegaba a los veinte centímetros cúbicos. Llamaba la atención ese comportamiento social, el cual hacía que no se hundieran porque giraban agrupadas fuertemente. Así, lograban sobrevivir hasta que llegaban a la costa.

Desde el primer momento me llamó la atención una pareja de horneros que construían su nido sobre un poste de un alambrado. Ese nido cuarenta y ocho horas más tarde estaría completamente sumergido bajo el agua. Los seres humanos hacemos cosas que desconciertan a los animales. Cuanto más estereotipado es un comportamiento, menos probabilidades tiene de sobrevivir el que lo realiza por ausencia de creatividad. El caso de los horneros era un ejemplo de lo dicho. Algo parecido ocurrió con tres lagartos enormes que se hallaban en las ramas más altas de un árbol; la mitad de su cuerpo estaba sumergido en el agua. Temblando se dejaron capturar con nuestras manos sin oponer resistencia ni tratando de huir. Ese comportamiento los hacía ver ridículos, ya que es algo inconcebible, para quienes conocemos cómo reaccionan esos animales en condiciones normales. Las arañas se subían al bote por todos lados. Caminaban sobre el agua tratando de subirse a cualquier cosa parecida a tierra firme. Estábamos rodeados por ellas. Si se les acercaba una mano se subían rápidamente a ella por los dedos hasta los brazos. No había peligro que picaran; lo único que les interesaba era salir del agua.

El Uruguay natural y moderno, en otra época
Todos los desastres ecológicos son catastróficos, ya sean naturales o provocados por el hombre, como en este caso. Pero lo que no comprende quien no lo vivió, es que toda alteración ecológica genera un trauma en el espíritu de las víctimas, porque según los Psicólogos, se guarda el sufrimiento en la Memoria Permanente de cada individuo.

El rescate de fauna de Salto Grande fue un ejemplo de esfuerzo y sacrificio para quienes realizamos en mayor o menor grado esa tarea. Puso al Uruguay a nivel internacional entre los países desarrollados a pesar de los recursos limitadísimos de nuestro país para este tipo de circunstancias. Así, poco a poco, se fueron rescatando: ratones, zorros, apereás, carpinchos, venados, comadrejas, gatos monteses, ofidios, lagartijas, batracios, arañas, yacarés. Recuerdo que en una ocasión rescatamos cincuenta ofidios en veinte horas de trabajo (incluidas varias Víboras de la Cruz). Todos esos los especímenes capturados fueron llevados a tierra firme, a lugares donde pudieran vivir sin peligro: una isla ubicada en el río Negro, según lo explicaba Blengini.

El rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande fue un acto cuyo contenido ecológico refiere con una filosofía: el derecho a la vida de todo ser vivo por sobre todo. Quedó así bien claro lo que puede hacer la consciencia humana cuando posee principios éticos que se ajustan a un padrón altruista. Si bien el embalse del río Uruguay afectó de diferente modo el ambiente de dos países, Uruguay, a pesar de sus carencias económicas y por consiguiente de recursos, fue el único que hizo lo que era necesario e imprescindible en ese momento sin discriminación o prejuicios.

Las generaciones de la Época Postmoderna, argumentan que las generaciones de la Época Moderna no hicieron lo suficiente para solucionar algunos de los problemas ecológicos que hoy nos mortifican. Las generaciones futuras no podrán quejarse de nosotros, como lo hacemos nosotros de las generaciones pasadas. El salvataje de fauna en el lago artificial de Salto Grande, contuvo la enseñanza de un valor interesante: es más fácil honrar el milagro que es la vida, que destruirla. Ojalá sepan decodificarlo las generaciones futuras.

 

Historias del IIBCE_ Nuestro logo oficial, el Nacurutú

En el IIBCE tenemos una escultura que preside la entrada. Está un poco escondida atrás de las totoras del estanque, donde viven un par de tortugas entre otras mascotas del predio. Esta vieja escultura es un monumento que representa la figura de un búho, un animal simbólico acorde al lugar.

Desde tiempos difíciles de determinar, el búho representa el conocimiento, o la inteligencia. Algo así parece que le dijo Clemente Estable a su amigo, el artista José Cúneo, cuando le pidió que creara una obra para decorar el despojado Instituto de la época. Cúneo accedió y recreó la figura de una especie local de búho, el Bubo virginianus nacurutú , que es una subespecie del búho cornudo. De esta manera, honró en doble sentido el conocimiento que generamos.

Desde hace más de 50 años, el Nacurutú preside la entrada de nuestro edificio en Avenida Italia, y de alguna manera, el búho siempre ha sido la insignia del Clemente. Sin embargo, no fue hasta hace poco que contamos con un logo oficial, una imagen institucional que nos represente. ¿Cómo surgió la idea y quién dibujó nuestro logo oficial? Otra historia del IIBCE.

Dibujo de José Cúneo del búho que diseñó para plasmar como escultura en la entrada del Instituto. En el 2014, este dibujo fue tomado como logotipo del XV IIBCE Abierto.

Dibujo de José Cúneo del búho que diseñó para plasmar como escultura en la entrada del Instituto. En el 2014, este dibujo fue tomado como logotipo del XV IIBCE Abierto.

Conversando con colegas, supe que nuestro logo lo había diseñado Roberto Caposcasale, uno de los primeros investigadores del Instituto en la época en que Clemente lo estaba creando casi de la nada. Meticuloso en el estudio de la naturaleza, logró ser uno de los primeros jefes de Departamento del IIBCE; por entonces, decidió encarar la zoología iniciando la que hoy es una afamada línea de investigación en Uruguay: la aracnología.

Poco tienen que ver las arañas con los búhos. La historia nace de la pasión por hacer y divulgar la ciencia y comienza cuando Capocasale, quien aun hoy es Investigador Asociado a nuestro Instituto, tuvo la inquietud  y dio un paso para mostrarle al mundo lo que hacían. Por aquel entonces, coincidieron con Estable en que la ciencia necesitaba salir de los laboratorios para poder avanzar, algo que parece ilógico, pero sigue siendo real.

El búho siempre fue la insignia de Don Clemente. Esta foto fue tomada en abril de 2015 en la que fue su casa, donde sus pertenencias y el enorme legado que nos dejó permanecen casi intactos.

El búho siempre fue la insignia de Don Clemente. Esta foto fue tomada en abril de 2015 en la que fue su casa, donde sus pertenencias y el enorme legado que nos dejó permanecen casi intactos.

En ésa época el IIBCE era un lugar misterioso. Se desconocía qué se hacía allí o se creía lo que la imaginación o incluso los cuentos del barrio dieran lugar. La inquietud de Roberto terminó en la primera exposición al público de lo que hacía “el Clemente”, y en el futuro, sería una excusa para diseñar el logotipo oficial. Según sus palabras:

Recuerdo que le comenté como idea, hacer una exposición sobre lo que hacíamos en el IIBCE, a quien era Director en ese momento, el Dr. José Roberto Sotelo, sucesor de C. Estable, y le pareció bien. Me embarqué en la tarea con la ayuda del Taller Mecánico y el Ayudante de la Sección Electrónica, y fuimos armando, en primer lugar, los paneles donde se colgaría la información. Así nació la primera exposición del IIBCE que se realizó en el hall del Instituto, en la década del 70.
La exposición se presentaría en el hall de entrada. Sólo había espacio para algunas divisiones del Instituto.  Aproveché esa situación y decidí que la exposición cambiaría cada 6 meses. La primera exhibición fue una sorpresa y un éxito. Se informó a la prensa y el público asistió con asiduidad. Hubo que trabajar muchísimo, pero la novedad no nos hacía sentir cansados. Se hizo una segunda exposición, y aunque el público disminuyó, mejoró la asistencia cuando se verificó que ésta traía nueva información.

Por motivos que extenderían demasiado esta historia, las exposiciones dejaron de estar a cargo de Capocasale. Tiempo después un grupo de jóvenes honorarios y becarios, concretaron la idea del “IIBCE Abierto”, una forma de mostrarle a la sociedad lo que hacía el instituto y destacar la importancia que tiene hacer investigación nacional en Uruguay. Desde entonces y hasta hoy, cada año, el IIBCE se prepara para ese gran día, su mayor evento de divulgación. Un día donde muchos jóvenes y no tan jóvenes crean exposiciones, juegos, stands interactivos, y si lo desean, participan de un concurso para crear el logo del IIBCE Abierto del año, que es un búho, ¡claro! aunque “extra oficial”.

Los diversos logotipos de búhos de las distintas ediciones de las joornadas de divulgación "IIBCE Abierto"

Los diversos logotipos de búhos de las distintas ediciones de las joornadas de divulgación “IIBCE Abierto”

¿Cómo surge el logotipo oficial entonces?

Uno de esos años, Horacio Laborde, Jefe del Departamento de Microbiología de entonces,  invitó a Capocasale a diseñar un logotipo oficial, ante la diversidad de búhos que iban representando al instituto en los respectivos IIBCE Abiertos. Querían contar con una imagen fija y representativa, lograr que la escultura de la entrada cobrara vida y saliera a mostrarse… así lo cuenta Capocasale:

En una conversación informal, Laborde me comentó que el Instituto no tenía un logotipo, y que si algún día se realizaba debía ser la imagen del  búho. Entonces decidí dibujar una adaptación de una figura muy pequeña que él mismo me trajo (no recuerdo de dónde la sacó). A su vez, adapté esa misma figura a la escultura que simbólicamente está entre las piscinas del Instituto.

Nuestro logo oficial, diseñado y registrado por Roberto Capocasale.

Nuestro logo oficial, diseñado y registrado por Roberto Capocasale*.

Y así, se materializó* el Nacurutú como logotipo del IIBCE. Una historia más que sigue viva. Gracias nuevamente, Roberto.

* Los derechos de Autor del logotipo  fueron cedidos al IIBCE, según documentación entregada a la Administración del Instituto el 28 de diciembre de 2010, quedando constancia inscripta en la Oficina de Registro de Derechos de Autor de la Biblioteca Nacional de la República Oriental del Uruguay, el 23 de diciembre de 2010 (libro 32, nª742).

 

Rocío Ramírez Paulino

Historias del IIBCE_ El gran Naturalista Juan Blengini

Introducción por Rocío Ramírez, IIBCE

La historia de las historias
El Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, el IIBCE como le llamamos muchos de los que trabajamos aquí, es un lugar único. Por su historia, su trayectoria y sus historias. Nació de la pasión de su fundador, Clemente Estable, un maestro y pedagogo con una vocación por la investigación que cambió la realidad científica del Uruguay. Primero fue un “Laboratorio de Ciencias Biológicas” y estuvo situado en varios lugares físicos de Montevideo hasta que finalmente, ya como Instituto, se instaló en la calle Avenida Italia, donde hoy una gran cantidad de científicos trabajan en la búsqueda de nuevos conocimientos.

A lo largo de todos los años de vida del IIBCE, varias personas dejaron su huella. Muchos fueron y aun son científicos que por ejemplo, fueron nombrados investigadores eméritos en más de una ocasión; otros sin embargo, por no ser científicos o por no pertenecer a una categoría o espacio de trabajo convencional, pasaron desapercibidos ante la mirada y el reconocimiento social y cultural. Es el caso de Juan Blengini, casi un héroe de la fauna de nuestro país que hizo grandes aportes a la biología y la cultura uruguayas, quizás por el simple y maravilloso hecho de que nació para eso: para conocer y compartir conocimientos sobre la vida salvaje del Uruguay

Rescate de animales en Salto Grande. Zorro

Juan con una de sus pasiones, los animales. En este caso, un zorro rescatado de las inundaciones que ocurrieron luego de que se construyó la represa de Salto Grande.

Por eso, cuando en una de las vueltas cíclicas de la vida quién sabe si casuales, su hijo, vecino de toda la vida, profesor antes que vecino y hoy colega en otra institución, me contó que su padre había trabajado en el IIBCE y era amigo y conocido de muchos, pero que además, había dirigido varias salidas de campo y colectas de animales por todo el país, quedé atrapada de inmediato ante sus relatos.

Aldo Blengini, ante el fallecimiento de Juan el 20 de octubre, me mostró fotos de su padre alimentando venados de campo, haciendo pozos para encontrar ratones, sosteniendo conejos, ordeñando ofidios, acampando en lugares notoriamente remotos del Uruguay. También me contó que su padre había sido muy amigo de varios investigadores de renombre del Instituto, con quienes compartió horas de trabajo y ocio creativo. Fue entonces que acudí a ellos buscando rescatar la historia de un gran valor uruguayo, y me encontré con anécdotas dignas de un documental.

Aquí debajo, algunos de sus grandes amigos dedican una líneas a su memoria, también como forma de compartir la grandeza de un hombre apasionado y comprometido con la conservación de nuestra mayor riqueza: la diversidad de vida del Uruguay y todo su conocimiento potencial escondido.

Escribe Fernando Costa, IIBCE

Juan Blengini en el Clemente Estable
Conocí a Juan Blengini a mediados de los ‘70s, cuando llegó al IIBCE redistribuido de Pluna, como Ferrín y Tasano. Me lo presentó Capocasale, mi jefe de entonces, que lo conocía del Museo de Historia Natural. También fue encargado de Zoología en la época de oro del Centro de Estudios de Ciencias Naturales, el de Pancho Oliveras. Allí conoció a Fernando Pérez Miles, mi colega y amigo de toda la vida, y lo trajo al IIBCE a la corta edad de 16 años. Juan era un tipo difícil: alto, canoso, hosco, duro y áspero. Cara de pocos amigos semioculta por un gran bigote. Pero con los animales era otra persona: el ogro se endulzaba, los cuidaba, les hablaba. Parecían ser su vida.

En el IIBCE, Juan se encargó del Bioterio, y lo hizo andar de maravillas. Todo el IIBCE cambió su aspecto. Apoyado por el Director, el primer José Roberto Sotelo, en poco tiempo creó un verdadero zoológico en el fondo del IIBCE, cuando aún no existía el edificio nuevo. Y no sólo en el fondo. Ya uno al entrar en el edificio viejo, caminando por esas hermosas galerías con vista al jardín, uno podía ver a un mano pelada atado a un árbol, o dos axolotes en una gran pecera, en el corredor frente a lo que hoy es el laboratorio de Ángel Caputi. En el fondo, cerca del Salón Multiuso (que no existía) y en parte protegido por la vieja higuera, un jaulón con dos lechuzones o ñacurutús. Varios chivos acudían curiosos a recibirme cuando me iba a despejar al fondo (o a ver bichos, lo que venía a ser lo mismo para un zoólogo). Sobre una mesa blanca de cármica que aún conservo, Juan hizo subir a una gata montesa, ronroneando áspero con su collar rojo. En el bioterio, con olor a limpio y en orden, amenizaban la blancura de ratas y ratones una culebra arborícola, una crucera, escuerzos, ranas monito… De todo.

Juan y Fernando rescatando una culebra del lago.

Juan y Fernando rescatando una culebra del lago.

Un anécdota
Cuando el agua empezó a llenar el lago artificial de Salto Grande, Juan nos invitó a compartir unos días con él. Disponía de un lindo chalet de teja en El Espinillar, con auto y un bote. Era extraño ver que calles en buen estado desaparecían en el lago, como si su destino fuera llegar al fondo. E increíble la quema de las hojas de caña de azúcar: surgían de la nada llamaradas enormes, que en un instante desaparecían, dejando sólo varas chamuscadas. Pero lo mejor fue el bote: Juan rescataba fauna que se ahogaba, que después dispersábamos en tierra por los lugares que parecían los más adecuados. Los pobres bichos flotaban, nadaban o colgaban de ramas en la inmensa superficie del lago. Y todo iba para dentro del Arca de Noé. Las culebras que cabían y no se escapaban, en tarros de 200 litros; las demás, sueltas por la borda, compartiendo un espacio mínimo con humanos, cururús, ratones, lagartos, langostas, arañas y millones de hormigas. Las hormigas metían miedo. Muchas de ellas deambulaban flotando en una madeja roja que se esparcía por el bote no más tocaban la borda. Vi a Juan rescatar con cuidado a una crucera que colgaba de una rama, a pesar que el bicho se resistía y la corriente alejaba una y otra vez al bote. Lo vi también recibir impertérrito una docena de mordeduras de una culebra parejera que por lo visto no quería subir: recuerdo las gotitas de sangre que saltaban y caían sobre el bote. Blengini quería hacerlo todo, hasta que nos peleamos por eso. No nos hablamos por un día. Al segundo, me dijo:
– Mire señorito, que a mí me gusta mucho juntar bichos con usté.
Para Juan, esa era la más humilde de las disculpas. Alcanzó y sobró.

Hay en el LEEE, laboratorio de ecología, etología y evolución del IIBCE, dos arañas pollito grandes y hermanas, que nacieron hace 31 años y que probablemente son las arañas vivientes más viejas del mundo. El recolector de la mamá, claro, fue Juan Blengini, en 1983

Una de las hijas de la Araña madre que colectó Juan Blengini.  Muy probablemente, una de las dos araña más viejas del mundo, junto con su hermana.

Una de las hijas de la Araña madre que colectó Juan Blengini. Muy probablemente, una de las dos arañas más viejas del mundo.

Escribe Fernando Pérez Miles (FC-IIBCE)

Blengini y la ranita mono
Tendríamos 16 ó 17 años. Para Rafael de Sá y para mí era una de las primeras excursiones del Centro de Estudios al medio del campo: la estación Km 329 en Durazno, sobre el Río Negro, donde terminaba la vía del ferrocarril. También era una excelente oportunidad de compartir trabajos de campo con Juan Blengini y Raúl Vaz-Ferreira, dos baqueanos en esas lides. En esos tiempos las ranitas mono (Phyllomedusa iheringii) eran bastante escasas en colecciones y Vaz-Ferreira había escuchado su canto en la espesura del monte, al lado de un charco. Con un grabador de cinta, tecnología de punta en la época, Raúl trataba de captar el canto. Era de noche y llovía, Juan, Rafael y yo ayudábamos en lo que podíamos. Uno alumbraba, otro sostenía un paraguas o el micrófono. Sólo cuando la lluvia paraba era posible grabar sin la interferencia del ruido de las gotas, había que estar atento. Vaz-Ferreira, escuchaba concentrado con auriculares y negaba con la cabeza. Había un zumbido que ensuciaba la grabación. Así varias veces hasta cerca de las tres de la mañana, cuando descubrimos que el zumbido era del farol de mantilla; fue apagarlo y se solucionó el problema. Pero el bicho seguía sin aparecer. Entonces Blengini, machete en mano, fue pelando cuidadosamente un matorral y aislándolo del resto del monte, hasta que muertos de cansados nos fuimos a dormir. Al otro día nos levantamos más tarde con Rafael y volvimos al lugar; cuando llegamos, el matorral estaba reducido a un par de ramitas. Blengini, con una gran sonrisa, señalaba con el machete a la rana monito. Vaz-Ferreira buscaba, entre cientos de bolsitas, dónde alojarla.

Una dedicatoria
Tal vez nadie le iba a dedicar una especie, eso me convenció. Le dediqué especies a artistas admirados y famosos, Lennon, Blades, Benedetti, Gardel, Yupanqui, entre otros. También a amigos entrañables y menos conocidos, entre los que cuento a Juan Blengini. Un amador de los bichos, en el mejor sentido y el que me dio el primer empujón para entrar en el mundo de la ciencia. Justito él que miraba la investigación con la ñata contra el vidrio, tal vez para no romper el hechizo de la naturaleza que tanto admiraba. Te lo merecías, lleva tu nombre una hermosa tarantulita boliviana: Cyriocosmus blenginii.

Un ejemplar del género Cyriocosmus

Escribe José Roberto Sotelo, IIBCE

Juan entró en el IIBCE como un huracán de esos del Caribe, de esos que cambian todas las cosas de lugar, pero que durante la reconstrucción, él tomaba un papel renovador y que finalmente ayudaba a que todo fuera mejor. Podríamos definirlo como un científico autodidacta (con todos los beneficios y riesgos que eso conlleva), conocedor experto de toda la fauna y flora de nuestro territorio, pero que también incursionaba en las de otras regiones por su espíritu inquieto, conectado con muchos zoólogos o instituciones extranjeras con las que realizaba intercambio de ejemplares locales por los especímenes extranjeros de una forma totalmente desinteresada, pero muy cuidadosa y respetuosa de los animales y plantas vivas que enviaba y recibía. Luego distribuía los ejemplares recibidos entre sus innumerables amigos o instituciones nacionales tan fanáticos como él, de la conservación del medio ambiente y sobretodo del bienestar animal o vegetal.

Criando venados de campo para enviar a la estacion de cría de Piriápolis

Criando venados de campo para enviar a la estacion de cría de Piriápolis

 

Un militante político de toda la vida, durante la dictadura fue puesto a “disponibilidad” (una forma cruel pero diríamos semi-elegante de dejar a un opositor irreconciliable en la calle). En esa época vivía en un apartamento sobre Av. Italia, casi enfrente del IIBCE. Él había trabajado como mecánico en Pluna, un trabajo muy intenso y seguido por el ente de forma muy estricta, porque como él decía medio en broma y medio en serio estaba encargado de que todos los tornillos de los motores y o mecanismos que mantenían al aparato en el aire, estuvieran correctamente apretados. Sus amigos del gremio, Tasano (un mecánico tornero exquisito) y Ferrín (tapicero, que se había transformado en entelador deavionetas), gracias a él terminaron también en el IIBCE (uno como tornero del Taller y otro como fotógrafo).

El gran problema de la época era que ningún jerarca público quería arriesgarse a recibir a los “apestados” entre sus huestes. El Director del IIBCE, fue diferente, los recibió e inmediatamente se pusieron a trabajar. Juan Blengini quedó a cargo del Bioterio, Tasano del torno del taller y Ferrin del cuarto oscuro (ampliando por primera vez en su vida negativos de microscopía electrónica entre otras cosas). Inmediatamente Juan, Tasano y Ferrin “relincharon” con el director, que se dio cuenta que había hecho una adquisición, no sólo útil, sino significativamente importante. Lamentablemente, por razones de espacio dejaremos de lado las anécdotas de Tasano y Ferrin (compañeros entrañables) para concentrarnos en el “Monstruo de la Naturaleza”, como le decían a Lope de Vega, Juan Blengini. Inmediatamente, bajo el influjo del impulso colector de Juan, el IIBCE se transformó en un zoológico y una reserva botánica, repleto de los animales más insólitos, como un Mano Pelada, un Búho impresionante (Andy) y hasta asustador con su mirada penetrante y que terminó hasta por ser un actor de cine, ya que apareció en la primera escena de la película uruguaya “Mataron a Venancio Flores (Director: Juan Carlos Rodríguez Castro, Producción: Cinemateca Uruguaya).

También una anaconda gigante, un pequeño núcleo de venados de campo casi en extinción de la cual Juan los salvó y que sirvieron para ser la delicia de mis dos hijos mayores, porque Juan les enseño a darles la mamadera los sábados o domingos que los llevaba conmigo al IIBCE. Federico Dajas, a la vuelta de Suecia apasionado con estudiar los venenos neurotóxicos de la víbora de cascabel y analizar los de la crucera y la yarará, le pidió ayuda para conseguir ejemplares. Nuevamente, una parte del Bioterio se transformó en un serpentario sui generis. Juan, no sólo manipulaba las peligrosas serpientes, las alimentaba e higienizaba las jaulas de vidrio donde vivían, sino que ordeñaba el veneno “a mano” para colectarlo en tubos que iban directo a las columnas de cromatografía. Proporcionaba peces eléctricos a los electrofisiólogos y los guió en las primeras excursiones de captura.

Juan con si hijo Aldo, junton a los venados de campo en los Bañados de Carrasco, en la estación de cría de veterinaria

Juan con si hijo Aldo, junton a los venados de campo en los Bañados de Carrasco, en la estación de cría de veterinaria

Otra cosa interesantísima de Juan, era que conocía cada rincón del país porque había sido miembro del Centro de Estudios fundado por Pancho Olivera, de donde invitó a asistir al IIBCE a Carlos Cerveñanski (Bioquímico excelente), igual que a tantos otros. Inmediatamente se sumaba a cualquier actividad biológica o artística. Junto con Tomás Sobota, uno de los primero programadores informáticos del IIBCE, teníamos el mismo gusto por la fotografía y la practicábamos los sábados en el Departamento de Biofísica con él; yo entre experimento y experimento de mi tema y Tomás fulltime. Juan se sumó al Club de fotografía con entusiasmo, comíamos juntos y tantoTomás como yo disfrutábamos del anecdotario de Juan y terminamos formando un grupo de excursión (junto con Carlos) con su guía, y recorrimos muchos lugares inolvidables. Uno de los que más recuerdo fue el Palmar de Porrúa, donde quedé de boca abierta, ya que había muy cerca un bar  con un mostrador de madera, donde nos acodamos a tomar unas grapas con limón y a escuchar al dueño sobre los tipos que habían visitado previamente el lugar. Habían encontrado muchísimos restos indígenas. Volví a Montevideo con una boleadora a la que le faltaba una lasca.

Juan Blengini en el Reptilario del Centro de Pancho Olivera con una Tortuga Campanita

Juan Blengini en el Reptilario del Centro de Pancho Olivera con una Tortuga Campanita

Foto de Juan en un campamento de Baigorria, cuando fueron con José Sotelo a los Palmares de Porrua,  "un paraíso"

Foto de Juan en un campamento de Baigorria, cuando fueron con José Sotelo a los Palmares de Porrua, “un paraíso”

 

Escribe Antonio (Tony) Mignone, ex integrante del LEEE

Conocí a Juan cuando aún no tenía edad para manejar legalmente. Laburaba en un Laboratorio que preparaba material de Zoología, que él visitaba asiduamente Siempre iba a compartir cigarrillos (los míos); yo estaba encargado de bichos y bueno, no fue difícil hacernos amigos…

Creo que lo conocí un poco tarde, nada que ver con aquella fama de tipo reacio y con fuerte temperamento. Compartimos varias salidas de campo: el viejo sabía todo. Junto con Daniel García y su esposa nos terminamos haciendo amigos muy cercanos, todos bichólogos.

Con los años me fui a la “gélida” Miami, pero siempre seguimos en contacto, lo mantuve al tanto de mis locuras y aventuras, de mis caminatas por los pantanos. Y bueno, cuando empecé a bucear para viejo fue como si él lo estuviera haciendo. “Disfrutalo por mí, nene, que es como si yo estuviera con vos ahí abajo del agua. Es algo que me quedó pendiente en la vida y que vos lo hagas me parece maravilloso”. Fue lo que me dijo la última vez que hablamos.

Fue (es?) un tipo que de alguna manera nos marcó a todos. Creo que llevó a Fernando Pérez al Instituto y a algún otro también. Para mí, uno de esos padres adoptivos que te regala la vida, un gran amigo y siempre voy a lamentar que no lo pude convencer de venir a Miami a mirar bañistas y delfines.

Mas historias
Tomás Sobota fue otro científico que hace tiempo estuvo muy vinculado al instituto y era amigo de Juan. Por correo nos contó que lo acompañó a alguna salida para recolectar los peces eléctricos en la laguna del Sauce y otras aventuras. Luego Omar Trujillo, investigador emérito de nuestro instituto y discípulo directo de Clemente Estable, nos contó que de hecho fue Juan quien “descubríó” a los peces eléctricos y los trajo, comenzando sin querer queriendo, toda una línea de investigación interdisciplinar que continúa hasta hoy, generando conocimiento uruguayo de exportación.